La Municipalidad de Puerto Esperanza puso en marcha un novedoso sistema de sanciones para contraventores de tránsito: el trabajo comunitario obligatorio. La iniciativa surge como respuesta a la ineficacia de las multas económicas actuales, cuyos montos —en algunos casos de apenas 4.000 pesos— resultaban insuficientes para disuadir conductas peligrosas.
“Hoy 10 jóvenes están cumpliendo con la tarea comunitaria. Están respetando las normas que establece el juez de paz. Esto permitirá reducir los peligros viales y los ruidos molestos. La idea es instruirlos, alentarlos a que estudien, a que se formen; es la manera de crecer en la comunidad”, relató el intendente Horacio Zarza en declaraciones al programa LMC (97.9 – E24).
El sistema, que ya transita su segundo mes de aplicación, establece que tras una infracción —principalmente por escapes libres, falta de casco o cruce de semáforos en rojo— el Juez de Paz determina la cantidad de días y horas de trabajo comunitario. Los contraventores, en su mayoría jóvenes de entre 18 y 21 años, realizan tareas de mantenimiento, desmalezamiento y limpieza en espacios públicos como el cementerio municipal.
La devolución del vehículo retenido está condicionada al cumplimiento total de las horas asignadas, además de la presentación de una planilla de asistencia firmada por un responsable municipal. Zarza destacó también el acompañamiento de las familias: “Pude hablar con padres que se mostraron colaborativos y con buena predisposición. Es muy bueno cuando la comunidad participa y entiende que es lo mejor para sus hijos y para la buena convivencia”.
Para reforzar el impacto de la medida, el municipio implementó un control estricto con patrullaje urbano durante las 24 horas, en coordinación con la Policía de Misiones. El foco principal se concentra entre la medianoche y las 6 de la mañana, franja en la que se registran la mayoría de las infracciones por ruidos molestos.
A pesar de las tensiones políticas habituales, la iniciativa cuenta con amplio respaldo social. “Hay una aceptación tan grande del vecino que es difícil ponerse en contra de algo con lo que todos están de acuerdo”, concluyó el jefe comunal.
Con jóvenes trabajando en la recuperación de espacios públicos y familias comprometidas con el proceso, Puerto Esperanza busca demostrar que, en muchos casos, el valor del trabajo comunitario puede ser mucho más efectivo que una multa económica.


