Eldorado. Pasada las 21 horas, Gabriel en su andar parsimoniosa, se detiene para encender «su fuego». Varias cajas apiladas con maples, y en uno de sus manos, sostiene un cajita de fósforos, que con seguridad, es el elemento mas preciado en este momento. Se encontraba sobre la calle H. Pérez, a una cuadra de la av. San Martin, zona céntrica de la ciudad.
Nos llamo la atención, porque estaba parado como aguardando la llegada de alguien, al costado pequeñas llamas que se estaba extinguiendo. Nos acercamos, y nos dijo que hizo el fuego para calentarse un poco, «no tengo frio, enseguida voy a ir a un lugar mas tranquilo» dice con naturalidad.
El frio comienza a ser intenso, mi compañero observa sus pies, tiene una especie de ojota, les faltan las medias, «queres mi media?» le pregunta, el se niega, repite que no tiene frío. Nos dice que se llama Gabriel y que cree en Dios, «hace mucho que estoy viviendo acá, no tengo familia, pero tengo todo» dice observando el cielo.
«Tengo todo, que mas puedo decir». Nos comento que proviene de Paraguay, aunque no pose la tonada guaraní, le mencionamos la palabra ro’y (frío), gira su cabeza y nos presta mas atención, comenzó a decir frases mas fluidas en guaraní, se sintió mas cómodo, esbozo una pequeña sonrisa, nunca nos hizo ver que estaba sintiendo frío.
Tenía muchas ganas de hablar, tuvimos que retirarnos para realizar algunas compras, la idea era volver a verlo, para llevarle algún alimento o ciertas mantas, pero Gabriel ya se había ido. Quizás en este momento, como el decía, ya estaba en un lugar calentito, acogedor, con su amigo que lo observa desde arriba.
