Los hobbies pueden llegar a ser muy particulares, como el caso de cuatro amigos eldoradenses que se denominan a sí mismos “detectoristas de metales”. La actividad suena casi a título de cine y da rienda suelta a la imaginación, como si fueran una especie de piratas que salen en busca de un cofre lleno de tesoros.
Pero es mucho más alucinante que eso. La motivación parte de la historia, lo que les permite elegir cautelosamente cada lugar que visitan y donde permanecen horas como quien sale a pescar.
El objetivo está claro: detectar en tierra y agua la presencia de objetos valiosos como anillos, cadenitas, monedas y cualquier otra pieza que pueda tener valor, ya sea económico o histórico.
El Territorio se topó con Pedro Zalazar (61), uno de los cuatro detectoristas, mientras realizaba esta actividad en la playa de El Brete, en Posadas, a donde viajó después de casi cinco meses de haber estado en pausa por la cuarentena.
“Es un hobby, ahora remontamos el vicio. En el verano saqué una alianza de cuatro gramos de oro de 18 kilates acá mismo, es por eso que volvimos aquí. Lo vendí y con eso pagué parte de mi equipo de detección, que está cerca de 100.000 pesos”, comenzó contando.
