Desde siempre ha existido el debate acerca de si las bancas pertenecen al partido político, o al individuo electo. Y con la hipocresía que caracteriza al sistema político argentino, quienes sostienen que la banca pertenece al partido, protestan cuando alguien electo por ese partido se aleja, protestan cuando el electo se cambia de partido, pero aplauden cuando un integrante de otro partido, se cambia al de ellos.
Desde el punto de vista legal, la cuestión es clara: la banca pertenece al individuo. Que nos guste o no eso, es otra cuestión.
Entonces empieza a tomar valor la ética de cada persona electa.
La ´tica, a diferencia de la moral, parte de las propias convicciones de cada individuo (o de una porción de la sociedad que se identifica con esos valores éticos) acerca de lo que es correcto, y qué incorrecto. Mientras que la moral está vinculada a los valores y costumbres de una sociedad acerca de qué es correcto y qué incorrecto para esa sociedad.
Para explicarlo pongamos un ejemplo. Una sociedad conformada a determinada moral puede considera la poligamia como correcta. Mientras que algunos individuos de esa sociedad pueden tener la convicción ética de que la poligamia es aberrante. Lo mismo puede suceder con diferentes ejemplos: la sociedad no considera como actos inmorales algunas cosas, mientras que para algunos individuos esos actos pueden ser éticamente reprochables.
En el caso de quienes abandonan un partido para integrar otro, la mayoría de las veces se realiza no desde el poder a la oposición, sino de la oposición al poder, termina siendo una cuestión de decisión individual y habla de la ética de esa persona.
Para tomar un ejemplo, tomemos el del concejal Fernando Montiel. Montiel es electo por el Pro, dentro de un frente electoral llamado Juntos por el Cambio. A los dos años de mandato declama su “amor” por el proyecto de Javier Milei y garrochea a LLA.
Montiel manifiesta, con razón absoluta, que el reclamo del Pro para que devuelva la banca por la cual fue electo, carece de sustento legal. Y en su ética es correcto cambiar de partido. Pero agrega algo en sus declaraciones que comienza a hacer ruido “Seguimos comulgando con las mismas ideas, nosotros planteamos exactamente lo mismo, pero hoy sobre todo defendiendo, como corresponde, las ideas que los eldoradenses apoyan y que nosotros también comulgamos”. No dice quienes me votaron, dice los eldoradenses, todos, ni uno afuera. Debe haber un montón de eldoradenses que deben pensar que nacieron Iguazú.
Mas allá de la broma, Montiel asume que él es la encarnación de las ideas de quienes lo votaron. Y eso ya es discutible. No le quito representatividad, sería una estupidez muy grande de mi parte, pero seamos sinceros: mucha gente lo votó no por su claridad conceptual (que la puede tener) sino por descarte, hartos esos votantes de votar siempre las mismas caras dentro de Juntos por el Cambio, y una oleada de votos cansados de la Renovación. Pero sus convicciones, su ética, le lleva a considerar que representa los valores que los eldoradenses apoyan. Y en realidad, las elecciones, mostraron que las “ideas que los eldoradenses apoyan como proyecto político, es la Renovación (que nos guste o no es otro tema), por lógica, si la Renovación representa esas ideas de los eldoradenses, algo está fallando.
No es nada personal con Montiel y su decisión ya que desde su ética está haciendo lo correcto y desde el punto de vista legal no infringe ninguna norma.
Entonces entra en juego el concepto moral, en cuanto a valores que una sociedad tolera sin considerar como inmoral algunas cosas.
Y hay algo que es evidente: la licuación de los mecanismos de participación interna de los partidos políticos, la falta de representatividad de esos partidos en la toma de decisiones ya que algunos ni siquiera tienen órganos de discusión interna (sin convenciones, congresos, y a veces ni siquiera talleres de discusión); la necesidad imperiosa de la mayoría de los dirigentes de agradar a quien detenta el poder circunstancial sin esbozar ni una crítica; el seguimiento a ciegas a un líder mesiánico – casi con una fe religiosa – al que no se le cuestiona nada; el individualismo reinante por sobre la construcción colectiva; una sociedad cada vez más vertiginosa en la posibilidad de cambiar su voto, dado que no encuentran satisfechas sus expectativas; el oportunismo político y otras cosas más; hacen que la moral imperante en esta sociedad tome como normal, y a veces conveniente (sobre todo si se cambian al partido del cual soy simpatizante) que los dirigentes cambien de partido, no sea un acto condenable. J.C. M
Si no, miremos a la Pato Bullrich, o a Ventajita Massa.
J.C. M: Verdad Consecuencia
